Archivo de noviembre, 2008
ronroneo masturbatorio
Es una fantasía absurda, una fantasía que jamás cumpliré, pero me encantaría. Consiste en ser una preciosa gatita mimosa, una linda gatita hogareña residente en la cabaña de siete fornidos leñadores.
Como todo esto es un sueño ridículo, me los imagino a ellos de diferentes razas: un negrazo de piel alabastro, un morito de ojos verdes, un chino de angulosidad exquisita, un gitano de melenas y duende, un germano de hombros cuadrados, un latino de belleza griega y un arapahoe de pómulos cincelados, todos bellezas despampanantes de esas básicas, es decir, manos grandes y fibrosas, piernas musculosas, pechos acorazados, culos como guantes de boxeo, bíceps torneados y antebrazos trabajados por el duro oficio de cortar gruesos troncos a golpe de hacha.
Para colmo de deleite son tipos calladitos y sonrientes, que siempre están de buen humor y se ríen a grandes risotadas. Durante el día trabajan en el campo, dejándome tranquilita en mis reflexiones. Llegado el anochecer, regresan y se duchan. Como soy una gata me cuelo en el baño y veo el proceso íntimo desde la esquina, veo a todos y cada uno.
No redundaré en lo gozoso que es observar a esos tiarrones ducharse como su madre los trajo al mundo, frotándose aquí y allá. Alguno se masturba, casi todos lo hacen de hecho, porque están tan sanotes que rebosan energía. Otros se duchan juntos porque son liberales y se consuelan de que no haya hembra de su especie a mano. Yo los observo y me deleito, lamo mi pelo y me deleito con mis ojos de gata abiertos de par en par.
Pero lo mejor de mi día de musimú doméstica es el anochecer. Todos esos maromos limpitos se reparten en los sofás para ver una película de cine clásico (no verían fútbol mis muchachos) y yo danzo cariñosa de regazo en regazo. ¡Ah! Cómo disfrutamos, ellos y yo. Sé dónde sentarme y cómo colocarme para transmitir el calor suficiente en la parte debida. Sé como hacer para inflamar a todos esos chicarrones y que se expanda el olor de falo erecto por el cuarto.
Sé como conseguir que todas esas manazas curtidas me acaricien con absoluta pasión desesperada…
Regalar los oidos
Me gusta escuchar cómo otros lo hacen. Algunos vecinos dicharacheros me halagan los oídos con sus sonidos de placer. Soy de las que pego un vaso en la pared, o trepo encima de una silla para disfrutar del concierto.
Por mi parte, como me gusta ser buena vecina y me enseñaron de pequeña que se debe hacer a los demás lo que una quiere que le hagan, grito y chillo en mi placer, exagerando mis lamentos para regalar los tímpanos de mis conciudadanos… nunca se han quejado.
nin eu llo pedín, nin ela mo deu
Cantiga
E para que non digan
que tal o que cual
que fun ou non fun
que tal que sei eu…
nin eu llo pedín
nin ela mo deu.
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Blog del dia
Muy amablemente los responsables de la bitácora blog del día me han seleccionado.
Hoy mi espacio es protagonista.
Erección espontánea
Este amanecer descubrí en mi hombre una erección espontanea, de esas noctámbulas que surgen naturalmente, sin excitación aparente. Era una firme y potente tensión que contrastaba con el resto de sus músculos relajaditos en su dormir.
Me abracé a él y tomé el tremendo totem con mis manos, con ambas. Presioné la masa firme de carne caliente y el bicho me saludó dando pequeños brinquitos de alegría.
No conozco mejor despertar.
No conozco mejor desayuno.
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Puedes escuchar este relato interpretado por la voz de Lipa Benet
Sueño
Es una pena, pero no se puede poseer a todo hombre que se desea. Es una fatalidad, pero incluso no se puede yacer con todos los hombres que deseas y te desean a ti. Es así, quizás en un mundo más primitivo ésto fuese impensable, pero en nuestra civilización, más vale agachar las orejas y aceptar esta sinrazón.
La naturaleza, siempre sabia, a medida que nos fue quitando espontaneidad en la monta, nos fue dando imaginación y fantasía. E incluso para los que se cierran a esa posibilidad, está el inconsciente para vivir deseos reprimidos.
Hoy el mio me dio un regalazo: esta noche soñé con ese hombre que se me niega, con todos esos varones que jamás tendré, materializados en una inmensa verga caliente e inflamada a la que yo accedía de un modo peculiar. Intentaré explicar mi voluptuosa sensación.
Fue, como suelen ser mis sueños, breve y abstracto. De hecho, recuerdo poco más que una imagen; una imagen tan real como si la hubiera vivido ¡No, no! Mucho más real que si hubiese sucedido porque cuando las cosas pasan los sentidos hacen que las sensaciones se dispersen. En lo onírico el sentimiento es puro, destilado por el alambique de Morfeo.
Ese hombre que deseo y no tengo, no me atendía, miraba hacia allá, hacia lo lejos, hacia otra mujer quizás, hacia otro asunto. Había gente alrededor y yo ansiaba llamar su atención, estaba triste porque no la tenía, pero le daba la espalda, me le acercaba hacia atrás.
Entonces ese hombre que jamás tendré entre mis muslos, todavía sin mirarme, se inclina sobre mi dorso. Apoya, como quien no quiere la cosa, su bajo vientre vestido en mis nalgas también vestidas. Era un gesto disimulado, que solo él y yo podíamos percibir. Nuestra pasión está prohibida, nuestros ojos no se cruzan, no nos podemos besar.
En la vida real es impensable que un hombre se te acople de tal modo y el entorno no se de cuenta, pero aquí era así. No había exhibicionismo en nuestro gesto. El se me apretaba disimuladamente y me hacía saber su deseo por mí
¡Estábamos tan unidos! Su miembro acomodado en la raja que separa ambas nalgas, bien metido entre ellas y crecía, crecía y se endurecía oprimiéndome el culo, que yo curvaba para favorecer el contacto, ofreciéndome.
Es otro imposible: pese a que ambos llevábamos la ropa puesta, su creciente polla se inflamaba como el maíz se hace palomita y yo lo gozaba secretamente allí, entre la muchedumbre ajetreada, ajena a nuestra unión.
Apretando su miembro a mi raja, cada uno mirando hacia algún indefinido lugar y casi, casi hacíamos el amor.
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Este relato ha sido interpretado por Lipa Benet
Las vulvas rojas son un semáforo verde
Sale estos días en prensa un estudio de la Universidad de Rochester, publicado en la revista Journal of Personality and Social Psicology, que dice que el rojo produce atracción sexual en los hombres.
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