Calentadnos la oreja
Somos poquitas pero tenemos mucha suerte. A nosotras no nos vuelven
locas tanto los tiarrones musculados con sonrisa fosforescente como
aquellos otros eruditos y elocuentes. No nos ponen tanto los ricachones
con sus cochazos, ni los poderosos con sus guardaespaldas como los
inteligentes de conversación amena y reflexiones divertidas. A nosotras
se nos moja el coño calentándonos la oreja.
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Comentarios
¡Susana Moo! (y otras y otros que me podáis leer), en mi blog tienes una entradita, destinada justamente a los calentamientos de orejita. ¡¡A leer! Besos
Es cierto, nada mejor que un calentamiento orejil, para ponernos como motos… lo otro es accesorio, que no rechazable, ojo…

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¿Poquitas? No creo. Sois las más (no hay tantos ricachones con cochazo, y los que hay, son como los váteres, o están hechos una mierda o están ocupados). Quizás la única rama de la seducción que queda por explorar y explotar sea ésa, la de la lisonja en la oreja. Que no es lo mismo que escuchar lo que os gustaría oír. Muchas veces os gustaría escuchar lo que no queréis oír, pero que si lo dice el adecuado, es el perfecto afrodisíaco.