Archivo de 31 octubre, 2008
Bolita
Me han regalado un cachorro de perro precioso: “Bola” le llamo porque es una pelotita de pelo gris sedoso del tamaño de mi puño -soy de mano pequeña-.
No se separa de mí, me ha adoptado como su mamá. Es feliz cuando juego con él y la verdad, me lo paso genial con el cachorrillo. Es un encanto lleno de ternura y alegría. Estoy como loca con él, es tan activo y cariñoso que no concibo mejor compañero.
No le dejo dormir conmigo porque temo aplastarle, pero por las mañanas permito que venga a mi cama, él brinca ansioso detrás de mis pies descalzos cuando le voy a buscar porque ya sabe que vamos a jugar, menudo instinto tiene mi Bolita. Alegra mis despertares como nadie, dejo que corretee por las sábanas desordenadas, con el peligro de que se caiga y se lastime, pero no suele ocurrir, todo su afán está en trepar encima de mi cuerpo y olisquearme aqui y allá.
Me troncho de risa ¡es tan chiquitín! ¡Qué bonito es mi Bolita! Escalar por mí es todo un reto para él, me hace cosquillas con sus patitas de uñas delicadas. Para él mis curvas son valles y montañas. Mordisquea mi piel sin pudor alguno. Es una tontería pero verle tan inocente paseándose por mi cuerpo desnudo me emociona. No tiene prejuicios, ¡el muy sinvergüenza intenta acceder a cada sitio…! Y cuando encuentra alguna prominencia adecuada, trata de mamar, todavía conserva ese instinto. Las zonas velludas de mi cuerpo llaman especialmente su interés e intenta escarbar. Me dan verdaderos ataques de risa ¡qué gracioso Bola, tan afanado en descubrir mi cuerpo! Yo le aparto, y le digo: “¡Ahí no, Bolita, ahí no!”, pero basta que le diga eso para que se empeñe en intentarlo una y otra vez. Es un testarudo, tiene carácter, yo creo que va a ser un buen perro guardián, pero ahora es una mata de pelusa fina que no tiene credibilidad ninguna con sus ladriditos ahogados.
Me gusta acariciar su cuerpecito caliente. A él le chifla mi vibrador de dedo, se pone todo loco, todo excitado, mueve tanto la cola que se cae para los lados torpemente. Me inserto el artilugio en el dedo corazón y cosquilleo su vientrecillo ¡Cómo se emociona! Le ladra, le gruñe, intenta morderlo… hace cabriolas y piruetas, se pone tan nervioso que acaba poniéndose pesado y me veo obligada a bajarle de la cama, para poder relajarme en mi despertar perezoso, para poder evadirme y liberar mis propias necesidades como mujer, mis ansias solitarias…
Bueno, no tan solitarias, porque cuando Bolita escucha mis suspiros, él mismo se lamenta, dando saltitos, intentando trepar a la cama para hacerme compañía.

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