D.H. Lawrence
“El amante de Lady Chatterley” D.H. Lawrence.
Habla Parkin, el guardabosques.
“No estoy avergonzado de lo que tengo entre las piernas”. Aquellas palabras de Parkin a Clifford se referían sin duda alguna a su miembro. Constance pensó en el hombre desnudo, su pasión y su misterio: ¡El misterio del sexo! Y comprendió, como comprende toda mujer, que el miembro es la columna de la sangre, el viviente manatial de plenitud en la vida. Por sobre todas las cosas es el río de único Dios respecto al cual podemos estar seguros: la sangre. “Hay una fuente llena de sangre” dice el himno. Y es una verdad eterna. Cada hombre es una fuente así. Pero no es la sangre vertida, muerta la que lavará todos los pecados, sino la hirviente y viva catarata de la sangre nueva, siempre en eterna renovación. La sangre muerta solo puede heder con el tiempo. Es la sangre viva la que nos muestra el hado vivo, que lava y elimina todas las viejas corrupciones. Y el símbolo de esa corriente de la sangre viva es el falo, fuente de vida llena de sangre.
Con el misterio del falo va toda la bellleza del mundo, y la belleza es aún más que la sabiduría.
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