Memorias de voyeur I
Hay personas que resulta difícil imaginarlas en pleno orgasmo, cabalgando a sus mujeres o siendo cabalgados por ellas. Hay señoras que por su talante y modo de actuar en la vida cotidiana, tan comedidas y discretas, es difícil imaginarlas abriendo las piernas y dejando que se la metan sin más. ¿Perderán los papeles? ¿Se dejarán llevar por el frenesí del deseo carnal? Hay hombres que resulta sorprendente comprobar que tienen relaciones sexuales, que se la sujetan con la mano, que la meten, cabalgan y se corren. Esos tipos tan “dueños de sí”. Lo único que hace referencia a su sexualidad son los hijos que han tenido. Es una pista irrefutable. Piensas, “si han concebido, es que han copulado”, y le das vueltas a cómo se colocarán, cómo será su ritual, si se dejarán llevar por los instintos en tales situaciones, o si por el contrario, mantienen el saber estar incluso en la intimidad de su alcoba de cortinones y crepé.
Es estupendo cuando alguien se deja ver, sin querer ser visto. Tuve la dicha de presenciar un acto de intimidad desde la ventana de mi piso. Los edificios de enfrente están relativamente cercanos y por consiguiente los vecinos bajan sus persianas cuando anochece para evitar las miradas indiscretas, pero los del quinto, recién llegados al barrio, olvidaban bajarlas o probablemente se fiaban de la permeabilidad visual de las cortinas que mantenían cerradas todo el día. En la noche, con las luces del interior encendidas, poco podían hacer esas telas para evitar que se viesen perfectamente las andanzas de una pareja joven, recién casados, que allí vivían. Yo resido en el séptimo y los grandes cristales de su salón, me daban una visión perfecta, así que cuando llegaron al barrio y estaban haciendo las mudanzas, me entretenía observándoles desde mi mesa de ordenador. Me hacía gracia cómo iban decorando su casa, cómo se relacionaban entre ellos, pero en una ocasión, el ser cotilla me dio una oportunidad de oro: verles hacer lo que hacen las parejas cuando nadie les ve.
Él es fortachón, de manos robustas y ausencia total de cuello. Su cabeza se incrusta en los anchos hombros y se mueve rígida de un lado a otro dándole aspecto de muñeco gigante de ventrílocuo, del matón más bruto de un mafioso siciliano. Cuando llega a casa y ella no está, pone la tele y se acomoda en el sofá, cuando está ella, deambula unos diez minutos por la casa sin un objetivo definido y luego se repantinga frente a la caja boba. Le gusta ver la tele mientras su mujer, una muchacha pequeña, entradita en carnes jóvenes, merodea por la casa haciendo y deshaciendo en cajones y armarios.
Aquel día, al rato de estar apoltronado, el bruto saca su polla al aire. Lleva puesto un chándal flojo, de modo que le resulta sencillo: no tiene más que estirar la goma de la cintura. Empieza a meneársela muy suavemente, despacito, como envuelto todo él en la pereza. Se la masajea de arriba abajo como si fuese el único pasatiempo interesante en casa, después de lo que sin dudas considera una dura jornada. Saca su pene y disfruta de su erección. Su expresión es un poco bobalicona ahora, con la mandíbula cuadrada colgante, con la boca un poquito abierta.
-Menuda pinta de marrano, pensé..
Mi vista no alcanzaba a ver qué ponían en la tele, pero serían sobre las ocho de la tarde cuando empezaba este ritual, así que quizás viese alguna serie, o documental, o deportes, quién sabe. Lo cierto es que el hombre se excitaba, y por momentos se quedaba pensativo viendo cómo su miembro se descapullaba y se volvía a cubrir.
Cuando ella pasa por el salón él ni se inmuta, o como mucho, le mira con una sonrisilla tímida de niño travieso y continua con su lento sube baja. Parece que es algo habitual en esta pareja que él se auto excite a modo de invitación.
Me sorprendió esa desinhibición por su parte, pero no tanto como me habría sorprendido si hubiese sido ella, la fondoncilla, la que se acomodase en el sofá y metiera sus manos dentro de la braga mientras él merodeaba por la casa. No, que fuese él el pajillero me sorprendió, pero no en exceso. He vivido situaciones semejantes, todas las hemos vivido, que tu chico se la toquetee y te la muestre en un show de exhibicionismo conyugal…
…..continuará….
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Comentarios
Esta pelicula admite varios finales y todos ellos candidatos a colgarles el ultimo credito…..”continuara”.
Yo apostaria por que la fondona (las mas sexis entre las sexis) se repanchiga junto a el en el sofa con sus chanclas y sus uñas de los pies pintadas de rojo y tambien se comienza a masturbar. Todo termina de modo felino. Pero continuara.
Pues a mi me encantaría un final a lo Michel, pero tiendo a creer que la fondona le bajará la líbido a él diciéndole alguna “sensatez” que los mantenga en un estado de rutina conyugal y semi-castración.
Si yo fuese ella me acomodaría a lo gatita, le enseñaría los piés y como premio a su erección, al ser fondona, le haría una cubanita. … Pero continuará …..
Dios mio ¡¡¡¡¡
Aqui en Asturias se nos adelanta el otoño. Las mujeres ya se estan enfundando esos horrorosos zapatones que esconden sus bonitos pies hasta la proxima primavera. Sniff, sniff. solo me queda llorar y afilarme a una pagina web por 19,99$ para cuitar mis penitas. Avispada olvidate delas sensateces ¡¡¡¡
Saludos y feliz verano (lo que queda de el).
P.D. mi msn messenger por si alguien quiere mantener conversaciones fetichistas o de lo que sea.
feetmale35@hotmail.com
Michel, se van las sandalias pero vienen las botas, que dan para imaginar y soñar. Dicho esto, yo también prefiero las sandalias y en otoño a veces me mojo los pies por empecinarme en ir con pies semi-desnudos…
susanamoo

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Estupendo texto. Ya estoy deseando saber el final, espero que no nos hagas esperar mucho.