Fuego. Anaïs Nin
Los diarios de Anais Nin me encantan porque resultan frescos y realistas, además de poseer calidad literaria. “Fuego” es su diario amoroso desde 1934 hasta 1937, cuando ella tenía de treinta y uno a treinta y cuatro años, y narra sus aventuras amorosas con el escritor Henry Miller, con su psicoanalista Otto Rank, y con otros artistas. La vida de Anaïs me fascina, enmarcada en el contexto histórico parisino de entreguerras, tan atractivo para los que gustamos de la libertad sexual. Pero sobretodo es su pasión por el arte, su entrega ciega a los artistas, de muchos de los cuales ejercía de mecenas, y su personalidad por lo que representa de artista con la sexualidad a flor de piel.
Considero que fue una mujer que disfrutó muchísimo de su sensualidad, se enamoraba de sus amantes con absoluta entrega y tenía capacidad para apasionarse de varios a la vez, según me parece en sus diarios.
Copio un párrafo de “Fuego” donde cuenta retazos de su intimidad, esta vez con su esposo.
22 de septiembre de 1936
Medianoche. Luz de velas. La habitación que fue de mi Madre y ahora es la nuestra. Colillas y ceniza de los cigarrillos de Gonzalo por todas partes. La ropa de Gonzalo por el suelo, todo excepto los calzoncillos blancos que nunca se quita si no es a oscuras. El pudeur de Gonzalo. Adoración del cuerpo. Besa mis pies. Besa mis piernas. Adora mis piernas. La fuerza de ellas. Me besa por todas partes. Se deleita en las sombras, en las curvas. Desvaría sobre el espacio que hay entre mis ojos. Sobre mis orejas. “Son pequeñas, tan delicadas, tan maravillosas, tan increíbles. No son orejas. No parecen orejas, Anaïs. Nunca vi tales orejas, tan maravillosas. Toda mi vida he soñado con orejas como esas”.
13 de octubre de 1936
Anoche Gonzalo estuvo tan sensual, tan palpitante. Decía:”Nunca me he corrido tan violentamente, con tanta fuerza. ¿Por qué tardo tanto en correrme? Soy muy lento”. Parece que no sabe que eso es bueno, bueno para la mujer. Parece que tiene poca confianza en sí mismo, en lo que es, en lo que hace y siente. La lentitud india. Pues qué bien.
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Comentarios
[...] a publicar sus diarios íntegros mientras él viviese y ella murió antes que él. En sus diarios -Fuego, diario amoroso- es donde, a mi entender, radica su mayor valía como escritora. Tags: literatura erotica Crisol [...]
Tengo un ejemplar del libro Pajaritos, de la misma autora. La verdad no me gustó tanto, a veces iba muy lento y otras muy rápido. Pero es cuestión de gustos.

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[...] escribiendo y leyendo erotismo y que además se seducían mutuamente mediante la palabra escrita. Anaïs conoció a Miller estando casada y se convirtió en su mecenas al tiempo que en su amante. Ella era una apasionada del arte y de los artistas y se dedicó a llenar su vida de intelectuales creativos, a muchos de los cuales convirtió en sus amantes con el beneplácito tácito de su esposo, un banquero con aspiraciones a poeta que la acompañó toda su vida, costeando los mecenazgos de ella. Se supo de las infidelidades de Anaïs después de la muerte del marido, que la sobrevivió, por expreso deseo de la artista. Sus diarios no se publicaron mientras él permaneció con vida, sobre ellos he escrito aquí. [...]