memorias de una cantante alemana
Memorias de una Cantante Alemana se publicó por primera vez en 1862, bajo anonimato aunque fueron atribuidas a la artista Shroeder-Deurient.
Me llamaron especialmente la atención en estas memorias las argucias que debía maniobrar una mujer liberal para evitar el temido embarazo y el seguro rechazo social en caso de caer en manos de un amante indiscreto.
( ¿tuvieron lío la cantante y Wagner?)
Copio un párrafo del principio de la novela que me resulta muy realista y bellamente narrado.
El día del aniversario de mi padre, mi madre se levantó a las seis para preparar los regalos y coronar el retrato de mi padre. Hacia las siete, se quejó de estar cansada y dijo que iba a acostarse otra vez un momentito, hasta el despertar de mi padre.
Dios sabe de donde me vino esa idea, pero pensé que sería muy cariñoso de mi parte sorprender a papá en el cuarto de mi madre y presentarle allí mis felicitaciones. Le había oído toser en su cuarto, estaba levantado ya y vendría pronto. Mientras mi madre daba sus últimas órdenes a la sirvienta , me deslicé en su dormitorio y me oculté tras la puerta acristalada de una alcoba que nos servía de guardarropa. Feliz y orgullosa con mi plan, aguardaba sin aliento tras la puerta acristalada cuando entró mi madre. Se desnudó rápidamente hasta la camisa, se sentó sobre el bidet preparado y se lavó cuidadosamente. Por primera vez veía el bello cuerpo de mi madre. Ella inclinó un gran espejo que estaba al pie de la cama, cerca del lavabo y se acostó mientras mantenía los ojos fijos en la puerta. Comprendí entonces la falta de delicadeza que acababa de cometer y deseé escapar. Un presentimiento me decía que ante mis ojos iba a acontecer cosas impropias para la contemplación de una jovencita. Contenía el aliento y temblaba de pies a cabeza.. De repente la puerta se abrió. Entró mi padre, vestido como todas las mañanas con la elegante bata. Bastó que la puerta hiciera el primer ruido y ya mi madre cerró inmediatamente los ojos, aparentado dormir. Mi padre se acercó al lecho y contempló a mi madre dormida con la expresión del mayor amor. A continuación corrió el cerrrojo. Yo temblaba más y más, habría querido desaparecer bajo la tierra. Mi padre se quitó lentamente los calzones. Ahora estaba en camisón bajo la bata. Se aproximó a la cama y levantó con precaución la fina colcha. Bien sé ahora que, si mi madre estaba ahí con los muslos abiertos, una pierna doblada y otra extendida, no era por puro azar como ingenuamente pensé entonces. Veía por primera vez un cuerpo de mujer, pero pleno, en total florecimiento, y pensaba con vergüenza del mío, tan inmaduro aun. El camisón estaba levantado, nada oculto había; un seno blanco y redondo desbordaba sobre los encajes. Bien pocas mujeres he ido conociendo después con suficiente osadía para presentarse así frente al marido o amante.
Mi padre bebía este espectáculo con los ojos.
Al poco se inclinó dulcemente sobre ella, se humedeció el dedo en la boca y lo llevó a ese punto del que sus ojos no lograban despegarse. Una vez allí lo paseo con delicadeza de arriba abajo. Mi madre suspiraba, luego levantó la otra pierna y comenzó a hacer extraños movimientos de caderas, Enrojecí de vergüenza; quise desviar la mirada pero no era capaz. Los movimientos de caderas se aceleraban, mi padre humedeció su dedo por segunda vez y lo introdujo esta vez tan profundamente que su mano pareció perderse bajo el espeso toisón rizado. En ese momento mi madre abrió los ojos, como si acabara de despertarse con sobresalto y, mientras cerraba violentamente los muslos en torno a la mano ahora cautiva de mi padre, dijo con profundo suspiro:
-¿Eres tú, querido? Justamente estaba soñando contigo. ¿Qué modo encantador de despertarme! ¡Enhorabuena mil veces por tu cumpleaños!
-Lo más bello de todo me lo otorgas tú, permitiendo que te sorprenda. ¿Qué bella estás hoy! ¡Tendrías que verte!
-Pero mira que sorprenderme de modo tan imprevisto! ¿Has corrido el cerrojo?
-No temas. Pero si quieres realmente desearme felicidad abre otra vez tus muslos: Estás tan fresca y perfumada como una rosa llena de rocío.
- Todo te lo permito ángel mío. Pero ¿No preferirías esperar a la noche?
- .No hubieras debido exponerte de un modo tan embriagador. ¡Tócame, podrás convencerte de que me es imposible esperar más!
- Cayó entonces sobre ella y los besos no querían cesar. Sin embargo conservaba su mano siempre en el mismo lugar, más amorosa y acariciante que nunca, y vi como la mano de mi madre se deslizaba furtivamente bajo el camisón de su marido. Los besos se hicieron más ardientes. Mi padre le besaba el cuello y los senos, sorbía los pequeños botones rosas, descendía progresivamente hacia abajo y acabó fijando sus caricias en el centro mismo de todas las gracias femeninas. Cuando mi madre sintió esa caricia se situó en posición atravesada sobre la cama y mi padre se arrodilló . Separó los muslos con ambas manos y sus labios no abandonaron un solo instante la fuente de su placer. Puesto que me daba la espalda no pude ver lo que estaba haciendo pero por las ligeras exclamaciones de mi madre deduje que experimentaba un placer extraordinario. Sus ojos se humedecieron, sus senos temblaron sus muslos se agitaron convulsivamente mientras jadeaba y suspiraba:
- ¡Que goce!
(…)
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Comentarios
“Salamandra”, la famosa cancion de Miguel Bosé, esta basada en estas memorias, segun el propio autor (MBosé). Siempre me ha parecido una historia encantadora y he tenido la curiosidad de leer esta novela, pero nunca he encontrado el libro.
He ido a escuchar la canción, y no le pillo demasiadas similitudes, pero con la poesía ya se sabe. Gracias por la aportación.
Leí el libro, son impresionantes y muy excitantes la aventuras de ésta cantante, probó “de todo”, la historia está cargada de un fuerte erotismo.. y pensar que las perversidades tienen la misma edad que el oficio “mas antiguo del mundo”…
Recomiendo el libro

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Conocía de antemano “Memorias de una cantante alemana”, y tengo serias dudas de que esté escrito por una mujer.
Enhorabuena por el blog