Archivo de julio, 2008
pudor vencido
Por fin, después de treinta años se lo dije. Le dije: “déjala encendida”.
Aceptó y ya no la hemos apagado más.
memorias de una cantante alemana
Memorias de una Cantante Alemana se publicó por primera vez en 1862, bajo anonimato aunque fueron atribuidas a la artista Shroeder-Deurient.
Me llamaron especialmente la atención en estas memorias las argucias que debía maniobrar una mujer liberal para evitar el temido embarazo y el seguro rechazo social en caso de caer en manos de un amante indiscreto.
( ¿tuvieron lío la cantante y Wagner?)
Copio un párrafo del principio de la novela que me resulta muy realista y bellamente narrado.
As cantigas quentiñas
Hai tempo que ando a barallar nunha teima :
Influirannos as cantigas que dende nenos cantabamos na casa dos avós en cabodano arredor da lareira, cantigas cheiñas de metáforas sexuais tan poéticamente agachadas? Leer más »
Temos os galegos unha sensualidade intrínseca? Un xeito diferente de ver o xoguiño da reproducción?
O clítoris
Escoitade a falabarato:
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“E pousa e pousa e pousa Leer más »
e non me toques naquela cousa
lara lalara lalá
Afrodita surgió del mar en una concha
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Soy gallega y aquí tenemos el secreto erótico mejor guardado en la playa. Somos pandillas de mujeres que cada día nos calzamos botas de agua y vamos a empaparnos a la arena buscando frutos del mar: bivalvos salados que escogemos uno a uno en obscena postura -culo en pompa, riñones acojinados, flexibilidad extrema- para que ustedes puedan saborear nuestras almejitas sabrosas. Somos marisqueiras y algunos se excitan tan solo viéndonos trabajar.
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(publicado por El País Semanal el 4 de mayo de 2008)
El objeto más erótico del hogar
Venía, el ungüento, en un bote color melocotón de algún material atractivo al tacto y deliciosa forma cilíndrica, de unos seis centímetros de diámetro y veinte de alto, tremendamente tieso, absolutamente fálico. Guardaba este tipo de producto en la estantería de la ducha, para friccionar mis muslos cada mañana y conseguir, gracias al potingue, el efecto planchado. Pero lo cierto es que cuando tomé con mi mano semejante cetro, cuando me encontré con tan atractivo utensilio entre mis dedos, que no alcanzaban a cerrarse, mi cabeza se abotargó de reminiscencias placenteras. Cuando me vi allí, desnuda, limpia y mojadita con tan práctico manubrio, el coco se me llenó de lubricidad. Me aseguré de cerrar bien la tapa. Recomendable el anticelulítico. Muy bien pensado.
(Publicado por El País Semanal el 6 de abril de 2008)




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