El sabor de la miel. Salwa Al Neimi.
Hace tiempo que me pregunto cómo viven su sexualidad las mujeres árabes, bajo su velo. Salwa Al Neimi pone luz a esa curiosidad de un modo muy bello, casi poético en su libro “El sabor de la miel”, convocando a los grandes escritores y escritoras de la cultura erótica islámica, castrada en el siglo XVII. La autora narra en primera persona sus experiencias, sus sentimientos y los de algunas de sus amigas, además de hacer un repaso a los autores eróticos del mundo islam, tan desconocidos en Occidente. Salwa, según cuenta, era gran aficionada a la literatura erótica -como yo- y lo llevó en secreto -como yo- durante muchos años, hasta que pierde el miedo y se decide valientemente a publicar este libro firmado con su auténtico nombre - a diferencia de mí- , que está prohibido en varios paises árabes.
¡Al fin son las mujeres del chador tan parecidas a nosotras! También aquí escondemos en gran medida nuestra sexualidad verdadera, por mucho que se teorice y se parlotee en la red, por mucho porno que circule.
Me encantó esta historia breve pero jugosa que anda ahora por las librerías editada por Emecé. Copio un párrafo que llamó mi atención porque me siento muy identificada con la idea que expone:
Leer más »
Sexo telefónico
Dos veces he practicado sexo telefónico, con dos hombres distintos, ambos “amigos desconocidos” con los que entablé relación en la red.
Al primero le hice yo el trabajito oral en un afán por saber si, llegado el caso, sería capaz de ganarme la vida respondiendo a un teléfono erótico. No me haría rica, me salió topicazo:
-¿Dónde quieres que lleve mi lengua?
Divertido fue, pero calentar no me calenté, y me daba la risita esa de novata, nerviosa y boba.
La segunda vez surgió sin buscarlo: mi interlocutor es otro bloguero que solicitó entablar conversación conmigo para disertar sobre nuestra afición común, ésta de postear, y estuvimos de palique durante un par de horas muy amenas, disertando sobre asuntos serios que nos incumben a ambos. Pero una cosa llevó a la otra y no sé cómo me encontré con las bragas enroscadas en las rodillas y con la mano derecha en el centro de placer - la izquierda no soltaba el aparato telefónico, la escucha sin dudas interesaba a mi lujuriosa orejita-. La cosa remató en un calentón, un éxtasis solitario con animación auditiva.
Fué él el que soltó carrete verbal, explícito e impudoroso, en susurros de voz masculina. Yo me limité a fantasear y a emitir los suspiros habituales:
- Mmmm, ay, mmmm, aaayyy …
Conclusión: no siempre es necesaria una polla, a veces una buena prosa alcanza objetivos similares, pero si me dan a elegir me quedo con las tres eses: sudor, saliva y semen. Claro.
Junio, y mi ánimo inventivo.
En mi apasionante empeño de emular a Scheherezade -la reina mora que salvó su vida gracias a las mil y una noches en las que mantuvo al sultán en vilo narrándole historias- este mes de junio he dado el callo y he hilvanado un puñado de cuentos propios: Celadores, Guay, Simpatiquilla, Eva, Silvia y Silvio, Cita a ciegas y Mis pies. También ajenos: Putas de fin de siglo, Mi vida secreta y en gallego: san Antonio, Carmiña, Guerrilleiros y comenté sobre el salón erótico Eros.
No me negareis que voluntad le pongo.
Mi vida secreta. Anónimo.
“Mi vida secreta” es un legado literario impresionante que escribió un anónimo victoriano a lo largo de su vida con pasmoso tesón, centrado en un único interés: sus vivencias sexuales. La edición de Tusquets ofrece una selección de esa ingente cantidad de narraciones de cópulas contadas en primera persona por el protagonista, Walter, caballero que, de ser cierto todo eso que explica, era un portento.
Sea autobiográfico o fantasioso, “Mi vida secreta” es un libro interesantísimo por lo que nos muestra del sexo en la Inglaterra represiva, tremendamente moralista, donde escandalizaba el solo hecho de nombrar los órganos sexuales.
Me impresionó mucho adentrarme en la sexualidad de ese caballero inglés del siglo XIX; las relaciones con sus criadas -abusivas-, el modo que utiliza para seducirlas, cómo percibe él la sexualidad femenina, los cánones estéticos - inmensos traseros de nalgas blancas y coños muy, muy peludos-, o sus aspiraciones perversas en los burdeles que frecuentaba.
El protagonista no se describe en ningún momento, yo me lo imaginé como un ególatra encorbatado, que me resulta repugnante por momentos, con esa sexualidad tan manipuladora, cruel e infantil, pero me hace gracia su cinismo, y desde luego me dejó impactada su obsesión por narrar una y otra vez montadas y cabalgadas, desde un punto de vista masculino hasta la médula.
Ian Gibson tiene un estudio excelente: “El Erotómano” en el que trata de dar luz a la autoría de “Mi vida secreta”, y creo que da con el quiz. No digo nada por ahora, semejante análisis concienzudo de Gibson tiene derecho a una reflexión aparte, ya os contaré.
Mientras tanto, copio un párrafo de “Mi Vida Secreta” en la que el riguroso Walter hace una alegoría al coño con una curiosa clasificación final:
Leer más »
simpatiquilla
Me hace mucha gracia quedarme prisionera bajo un hombre después de su derrame. Aplastada bajo el sudoroso cuerpo de un caballero felizmente derrotado.
Es divertida esa posición tan peliculera de tener un tipo encima, y yo mirando al techo ojos abiertos, pensando en mis asuntos. Se ha visto en tantas películas, que da risa.
Me pongo simpatiquilla conmigo misma.
- ¿Y si se hubiese muerto?
Pero qué va, lo común es que sólo se haya corrido.
Dos historias para los fetichistas de los pies, para los podófilos.
Fernando Marías me ha contado una historia: resulta que fue el ganador del concurso literario sobre calzado femenino que patrocina Berlanga - al cual yo también presenté un cuento-. En su relato “Huellas desnudas de la mujer invisible”, habla sobre unas sandalias amarillas que tienen tremendo poder afrodisiaco - y destructivo-. Una preciosidad de elevado tacón y tiras cruzadas. A raíz del relato, Paco Gil ha diseñado y confeccionado medio centenar de ellas, unas sandalias nacidas de la literatura que poseen afortunadas damas de las artes y las letras -entre las que, desgraciadamente, no me encuentro- .
Yo nunca gano concursos, de zapatos ni de nada, no sé si es porque la calidad literaria de mis
relatos no es lo suficientemente buena, o porque en el sobre siempre incluyo una nota: “En caso de resultar ganadora, ni asistiré a la entrega de premios ni deseo que mis datos se hagan públicos”, con lo que incumplo las bases. Y es que ¡ay! yo no quiero salir del armario, yo no quiero que mis vecinas me señalen con el dedo sabedoras de mis fantasías locas. Ni que los hombres me miren como a gata salida - a veces me encanta, pero eso es otra historia-.
Me siento feliz escondida en mi bitácora, que crece y crece en visitantes y algunos incluso comentais -¡cómo os lo agradezco!-. Me está dando mucha vidilla, muchas alegrías, me siento mejor desde que comparto mis cuentos.
Estoy en buen momento, llena de energía positiva, de sonrisas mentales que espero os alcancen. Como ya sé lo suficiente de la vida y soy consciente de que ésto son fases y épocas que vienen y van, regresan y vuelven a irse, disfruto sin ansiar demasiado: me lo paso pipa aquí detrás y ni se me pasa por la cabeza abandonar el anonimato. Aunque nunca jamás me den un premio.
A continuación, la obra no galardonada que presenté al concurso. Es más larga de a lo que os tengo acostumbrados. Estaré unos días sin colgar otra historia, para no empacharos.
Leer más »
Guay
El relato que sigue lo escribí en gallego, si quieres leerlo en versión original, pincha aquí
.
GUAY
Antía estudió Empresariales pero tal y como está la cosa aún no encontró trabajo. A veces se desespera aunque ella es de natural optimista y, siempre que le preguntas, ella responde: “guay”.
-¿Qué tal la entrevista?
-¡Guay!
-¿Cómo te fue el viaje?
-¡Guay!
-¿Qué tal la última de Almodóvar?
-¡Bastante guay!
La ropa que le gusta le queda “guay”; sus amigos son “guays” y, si hace sol, ese día es un día “guay”.
Pero cuando Antía repite, triplica y multiplica su muletilla verbal es cuando su novio le obsequia con placer oral.
Resulta impresionante escucharla con esa expresividad lingüística sucinta, combinando la palabrita de marras con diferentes gestos y diversos niveles de volumen. Antía con las piernas abiertas y los ojos cerrados, reconcentrada en las sensaciones de su coñito vocaliza:
-¡Guay!… ¡GUAYYYYYYY!!! -Ggggg UUU AAA YYY -gggg uaaa yyyy
Cuando por fin Antía calla, el novio levanta la cabeza entre sus rodillas -los labios goteando- y pregunta:
-¿Qué tal, cómo fue?
Ella, invariablamente, responde:
-¡Guay!
.
La imágen que adorna el relato la he puesto porque no encontré una donde fuera el hombre el que proporciona este tipo de placer a la mujer y a ella se le viera tan expresiva exclamando algo que bien puede ser la traducción de la palabra guay.
Esta escultura está en éste interesante parque temático.
Uno de mis relatos eróticos encuentra novia
¡Ay! Qué contenta me pone encontrar una imágen adecuada para alguno de mis cuentos.
Ayer encontré una que casa como anillo al dedo con mi “Bolita”. Desgraciadamente desconozco la autoría del pintor, pero es fantástico que alguien pincelara mis palabras sin haberlas leido, quizá antes de haber yo nacido. He cambiado la imagen que tenía por esta nueva, mirad: Bolita
Si alguien sabe de quien se trata, por favor, compartidlo.
“Putas de Fin de Siglo” Miguel Angel de Rus
He hecho la reseña de éste libro porque me lo ha pedido Celia Santos para colgarlo en su blog literario Mas que palabras y porque además me lo regaló, pero no porque lo considere erótico, pese a que forme parte de la colección Incontinentes de novela erótica de “Ediciones Irreverentes”.
Hoy lo cuelgo en mi blog porque estos días Irreverentes cumple diez años y estoy agradecida a esta editorial, como a las otras que se animan a publicar erotismo -que no son tantas-. Desde aquí mi felicitación.
Y bien, “Putas de Fin de Siglo”, pese a su sugerente título y su portada de una mujer elegantemente vestida en lencería no me ha calentado: ni sentí humedades en mi cuerpo ni llevó a mi mente a lugar cálido alguno. Lo clasificaría como “narrativa satírica basada el tema sexual”, castizamente satírica, masculinamente satírica, con episodios demostrativos de la inteligente mirada del autor.
De Rus hace un análisis de distintos tipos de mujeres que él gusta de llamar
putas: la puta intelectual, la puta estrella de pop, la puta útil, la discreta, las dominicanas… y viene a decir, jocosamente, que en esta sociedad todos nos prostituimos de un modo u otro.
Copio un párrafo en el que explica sobre la puta telemática:
Leer más »
Cita a ciegas, esta vez sí
Dicen las buenas costumbres que el hombre ha de cederle el paso a la mujer en todas las situaciones salvo en una: al subir escaleras, porque si ella lleva un par de peldaños de adelanto, las posaderas femeninas quedan a la altura de la mirada indiscreta de él y esto puede abochornar a la señora. Pues bien, él me cedió el paso escaleras arriba y yo no me sentí abochornada ni siquiera cuando las yemas de sus dedos rozaron mi pierna falda arriba. El cosquilleo nervioso que erizó mi piel me aseguró que la química funcionaba y ya mi cuerpo respondía ¡Ay qué dicha! Mi cuerpo se encendía con vivas llamaradas. Y el de él.
No me voy a enrollar explicándoos como se sucedieron las entradas y salidas
que acometimos, las humedades y las posturas; la anatomía humana es la que es y todos conocemos ya la mecánica de la cópula, pero sí diré que su pene resultó ser muy inquieto y ergonómico, que el señor se soltó con soltura, con desparpajo en mi piel y que el encuentro fue chupado: una naturalidad pasmosa, teniendo en cuenta que nos habíamos visto las caras por vez primera hacía no más de diez minutos y que esto era una extravagante fantasía cosida con letras e ideas.
Me regaló fuegos artificiales y yo se los regalé a él. No me resultó difícil abrir mis piernas, frotar mi pubis con el suyo, entregarle mis senos, ofrecer mi lengua, pero … mi mirada permaneció tímida, el contacto ojo con ojo es el más íntimo de los contactos: mi alma me la reservo.
Disfruté de la compañía, me lo pasé bomba y aunque la cita fue a ciegas, casi me quedo bizca.
.
.
(Aquí os conté un intento fallido)






RSS
