La cosquillosa
A él le gustaba viajar por el cuerpo de ella, saborear detenidamente los cambios de tonalidad, experimentar la suavidad de su epidermis, la concentración de pelillos aquí y allá… pero ella invariablemente se retorcía de la risa. “Me haces cosquillas”, chillaba a carcajadas.
No le dejaba hacer a gusto. Era una pesada. Nada que le hiciese, se despiporraba. Un día él se cansó y decidió amarrarla, se hizo con unas firmes correas de raso y como quien va quien viene, consiguió fijarla en la cama, brazos separados, atados por las muñecas al cabezal, piernas bien abiertas anudadas por los tobillos a las patas. Para evitar desconcentrarse con la risilla histérica de la hermosa mujer, tapó su boca con un pañuelo de seda. Entonces procedió a ejecutar su amorosa tortura: no dejó región sin inspeccionar, sin hurgar o repasar con sus dedos curiosos. La rascó con sus uñas, la examinó con sus ojos miopes, la lamió con su lengua resbalosa. Utilizó material altamente cosquilloso: pluma de ave en las axilas, castaña de pinchitos en la planta del pie, cepillo de peinar para el vello del pubis… No sabemos si ella reía o se lamentaba debajo de su pañuelo, pero lo que resulta evidente es que su vulva chorreaba rocío.
Los de perilla
Estoy muy a favor de los hombres con barba en la perilla porque, si le sacan partido, pueden hacerte unas chupadas “cum laude”.
El lamedor ideal debe llevar decorado su mentón con suaves pelos, no demasiado cortos, pues pinchan, ni demasiado largos, pues se enredan.
El bigote no da los mismos resultados en la postura que prefiero del cunnilingus: tumbada, la espalda cómodamente recostada, piernas bien abiertas y la cabeza del hombre en el medio. Si él tiene pelos en el labio superior, frotan el clítoris y es demasiado fuerte la sensación para tan susceptible órgano.
Sin embargo, la labor del caballero mamador con perfecta perilla recortada, además de deliciosa, se convierte en multifuncional: mientras se entretiene lamiendo las periferias del botón, explorando las sinuosidades de la carne, bebiendo sus fluidos, etc. la barbilla roza, cosquillea las sensibles carnes del interior de los muslos, las ingles, la zona interna de las nalgas…
Dan ganas de aplaudirle, al guapetón de la perilla arregladita.
Elogio de la madrastra. Mario Vargas Llosa
“Elogio de la madrastra” es una delicia de alta calidad literaria y exquisita elegancia erótica.
Narra la convivencia de don Rigoberto, un esposo fantasioso, maduro, perfeccionista en sus placeres privados con su mujer Lucrecia, una diosa de sensualidad y Fonchito, el hijo de don Rigoberto e hijastro de Lucrecia, un querubín inquietante que remueve aspectos turbadores de la sexualidad. En el libro conviven dos vertientes: la convivencia de los protagonistas y las fantasías de don Rigoberto, muchas de ellas inspiradas en una pintura que aparece antes de cada relato.
Personalmente me maravilló la figura de don Rigoberto, un puntilloso fantaseador de escritorio, trabajador incansable del deseo por su esposa, que prepara los encuentros íntimos con ella con la pasión controlada y organizada de un hombre íntimamente morboso.
Elogio de la madrastra tiene una segunda parte en “Los cuadernos de don Rigoberto”, libro del que ya he hablado Aqui.
El texto que escojo está sacado de una de las fantasías de don Rigoberto, donde imagina a su esposa como reina de Lidia. Incluyo la pintura que adorna este relato en el libro de Tusquets y supongo fue escogida por el autor.
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“Adolescencia, sexo y cultura en Samoa” Margaret Mead
Informa Pablo Palenzuela en su blog que la antropóloga Margaret Mead, estudiosa del sexo y el temperamento en sociedades primitivas, metió la pata a fondo en su libro “Adolescencia, sexo y cultura en Samoa” en el que habla acerca de la ausencia de tabúes sexuales de los habitantes de dicha isla, a los que define como libres, especialmente a las mujeres, en una sociedad desinhibida, sin tabúes ni represiones.
Reconozco mi gran desilusión al conocer que lo que cuenta no es cierto, sino que fue una patraña que le contaron las dos jovencitas a las que entrevistó y en cuyo relato basó su estudio.
Después de mi chasco, pues conocía la historia y me fascinaba que existiera una cultura con tales características, reivindico de nuevo ese libro como un cuaderno de literatura erótica. ¿Acaso puede haber una temática más apasionante que las fantasías liberales de dos ganoanas en taparrabos escritas por una entusiasmada científica, en aquellos tiempos de veintitrés años, a la que dejaron boquiabierta?
Una temática similar tiene el libro de Pierre Louÿs en “La isla de las damas”, pero Mead y sus amigas resultan mucho más creíbles.
Yo había tragado, como tragó la pobre antropóloga.
ronroneo masturbatorio
Es una fantasía absurda, una fantasía que jamás cumpliré, pero me encantaría. Consiste en ser una preciosa gatita mimosa, una linda gatita hogareña residente en la cabaña de siete fornidos leñadores.
Como todo esto es un sueño ridículo, me los imagino a ellos de diferentes razas: un negrazo de piel alabastro, un morito de ojos verdes, un chino de angulosidad exquisita, un gitano de melenas y duende, un germano de hombros cuadrados, un latino de belleza griega y un arapahoe de pómulos cincelados, todos bellezas despampanantes de esas básicas, es decir, manos grandes y fibrosas, piernas musculosas, pechos acorazados, culos como guantes de boxeo, bíceps torneados y antebrazos trabajados por el duro oficio de cortar gruesos troncos a golpe de hacha.
Para colmo de deleite son tipos calladitos y sonrientes, que siempre están de buen humor y se ríen a grandes risotadas. Durante el día trabajan en el campo, dejándome tranquilita en mis reflexiones. Llegado el anochecer, regresan y se duchan. Como soy una gata me cuelo en el baño y veo el proceso íntimo desde la esquina, veo a todos y cada uno.
No redundaré en lo gozoso que es observar a esos tiarrones ducharse como su madre los trajo al mundo, frotándose aquí y allá. Alguno se masturba, casi todos lo hacen de hecho, porque están tan sanotes que rebosan energía. Otros se duchan juntos porque son liberales y se consuelan de que no haya hembra de su especie a mano. Yo los observo y me deleito, lamo mi pelo y me deleito con mis ojos de gata abiertos de par en par.
Pero lo mejor de mi día de musimú doméstica es el anochecer. Todos esos maromos limpitos se reparten en los sofás para ver una película de cine clásico (no verían fútbol mis muchachos) y yo danzo cariñosa de regazo en regazo. ¡Ah! Cómo disfrutamos, ellos y yo. Sé dónde sentarme y cómo colocarme para transmitir el calor suficiente en la parte debida. Sé como hacer para inflamar a todos esos chicarrones y que se expanda el olor de falo erecto por el cuarto.
Sé como conseguir que todas esas manazas curtidas me acaricien con absoluta pasión desesperada…
Regalar los oidos
Me gusta escuchar cómo otros lo hacen. Algunos vecinos dicharacheros me halagan los oídos con sus sonidos de placer. Soy de las que pego un vaso en la pared, o trepo encima de una silla para disfrutar del concierto.
Por mi parte, como me gusta ser buena vecina y me enseñaron de pequeña que se debe hacer a los demás lo que una quiere que le hagan, grito y chillo en mi placer, exagerando mis lamentos para regalar los tímpanos de mis conciudadanos… nunca se han quejado.
nin eu llo pedín, nin ela mo deu
Cantiga
E para que non digan
que tal o que cual
que fun ou non fun
que tal que sei eu…
nin eu llo pedín
nin ela mo deu.
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La casa de los budas dichosos. Joao Ubaldo Ribeiro
“La casa de los budas dichosos” es la única novela erótica escrita por Joao Ubaldo Ribeiro, uno de los escritores brasileños contemporáneos más leído.
Cuenta el autor que un día recibió un paquete anónimo con las confesiones de una mujer de casi setenta años, una dama bahiana que narra su disipada vida sexual con pelos y señales, desde el incesto al intercambio de parejas… La protagonista, que está bastante enfadada con la hipocresía social, hace un canto a las libertades, ejecutando una especie de rezo a un dios que ha puesto su voz en ella para ayudar a que el resto de los humanos gocen de una vida sexual plena.
Copio un párrafo del final, cuando ella instruye a un hombre joven y da, a mi parecer, unos consejillos bastante acertados.
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Blog del dia
Muy amablemente los responsables de la bitácora blog del día me han seleccionado.
Hoy mi espacio es protagonista.
Erección espontánea
Este amanecer descubrí en mi hombre una erección espontanea, de esas noctámbulas que surgen naturalmente, sin excitación aparente. Era una firme y potente tensión que contrastaba con el resto de sus músculos relajaditos en su dormir.
Me abracé a él y tomé el tremendo totem con mis manos, con ambas. Presioné la masa firme de carne caliente y el bicho me saludó dando pequeños brinquitos de alegría.
No conozco mejor despertar.
No conozco mejor desayuno.







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